El sábado se me desmoronó el mundo encima. Mis padres se iban de fin de semana al pueblo y a las pocas horas llegó la peor noticia de todas: mi madre estaba de camino al hospital.
Estuve todo el día sin saber nada de ella, tuve que ir a comer con mi otra familia como compromiso pero nadie me decía nada y cuando terminé de comer, cogí el coche y volé hasta el hospital a ver a mi madre. Me daba exactamente igual que no me dejaran entrar, si hacía falta me colaba pero yo necesitaba ver a mi madre y saber que estaba bien. Cuando llegué al hospital me enteré de lo que le había pasado: le había dado un infarto. Según lo describe ella, se creía que se iba a morir del dolor que tenía en el pecho pero por suerte fue una crisis de ansiedad y no ha dañado el corazón.
Sólo se me pasó un pensamiento de una conversación pocas horas antes. Hablé con ella, me dijo que me echaba de menos mientras subía las escaleras, apagó la luz y lo único que pude responder fue: "yo también te echo de menos, mamá" y estuvimos hablando un rato pero ahí quedó la historia. No me despedí de ella antes de irse al pueblo y nadie se pudo imaginar lo culpable y lo mal que me sentía durante todo el día si yo no llegaba a ver a mi madre. Era mi única prioridad.
A partir de ese momento y de cosas que pasan así, te hacen reflexionar y pensar que necesitas estar con la gente que quieres y te quiere en todo momento, y vivir cada día como si fuese el primero y el último. Es lo más necesario y fundamental en la vida, vivir como tú decidas vivirla.
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