15.7.12

Date cuenta

Una discusión. Discusión fuerte y continua durante un fin de semana. Llega el domingo y no puedes más, necesitas salir y respirar. Necesitas estar sola y pensar. Pero aparece alguien del pasado, alguien importante que te dice que te escucha. Eso ya es más de lo que muchos harían. Aceptas.
Esa noche camináis juntos. Charlas. Opiniones. Risas. Siempre buscas estar bien cuando otros te ven, pero llega un momento en el que se pulsa ese botón que pone "no tocar" y piensas "¿qué más me da?" y te dejas ver rendida, triste y llorosa. En el fondo tiene razón, debería hablar con él y arreglar las cosas.
Esa noche cuesta dormir, pero al despertar caes en la cuenta de que vas a estar cerca de él, cerca de su casa y decides que quizá es un buen momento para aclararlo todo. Antes de decidir nada, ya tienes un "buenos días" en tu móvil. Es él. Quiere hablar.
Acabas invitándole al día que tienes reservado para pasar allí y cuando retomas el tema principal recibes un "no lo sé, estaría cansado" y captas la directa. Te toca actuar a ti.
Después del día que habéis pasado no creo que le queden ganas de volver a hacer lo mismo más adelante, o eso crees.
Al llegar a casa crees que ha quedado todo zanjado pero un comentario, una simple petición te dice que no, que la cosa no había terminado ahí. "Se tuvieron que llevar a mi abuelo al hospital y por eso no pude ir" ¿dice la verdad? ¿miente? tan difícil de saber. En principio miente. No sabes cómo afrontarlo y decides no volver a decir nada, no quieres saber nada más del tema y necesitas meditar qué es lo que haces y qué es lo que te mereces.
Sales con tus amigos y dos días más tarde, la vuelta a casa se torna distinta.
Una llamada. Extraña. Inesperada. ¿Su padre? Será que no tiene saldo y prefiere llamarme. Descuelgas. No, es su padre de verdad y... ¿qué está diciendo? ¿En el hospital? No puede ser, se lo habría dicho. ¿Qué no quería preocupar? Pues menos mal. Al colgar, te ha quedado claro que esa noche no es bueno momento para visitas pero tomas una decisión instantánea: da igual todo lo que haya pasado, mañana estarás allí a primera hora de la mañana para ver cómo está. Luego hablas con él. En efecto, su padre tenía razón. No lo ha dicho por no preocuparte, porque sabe que te ibas a poner nerviosa y era cosa de un solo día pero aún así no puede evitar que preguntes y que quieras saber con todo detalle que está bien y querer estar allí, junto a la cama del hospital viéndole dormir y despertarse. Sufriendo si sufre y velando sus sueños si duerme.
Esa noche se hace casi imposible conciliar el sueño. Cinco horas. Cuatro horas. Tes horas y consigues dormir, pero te despiertas incluso antes de que le de tiempo al despertador a sonar.
Coges el teléfono a la hora indicada y un minuto antes, llamas. Responde su madre. Cuenta cómo ha pasado la noche y que aún duerme y una sugerencia "haz como quieras, si quieres venir como si no" ¿Acaso cabía la menor duda de que no fueses a ir?
Te falta tiempo para coger las llaves del coche y salir de casa. Carretera. Nervios. Sales antes de la salida que tenías que coger y te pierdes, pero rápidamente te encuentras. Es terreno conocido. Al fin ves el hospital pero no hay aparcamiento. Plan alternativo. Sí, ahí sí hay donde aparcar.
Sales del coche y llamas otra vez a su madre pero ya estás más tranquila. Ya estás allí. Sólo a unos pasos de él y a unos minutos de verle.
La conversación con su madre es entretenida pero ha derivado en hospitales y más hospitales y... ¿qué es lo que ha mencionado? ¿la abuela en el hospital el fin de semana? ¿no era el abuelo? ¿será un error de tecnología? Sólo lo sabrás cuando le veas.
Camino a la habitación, vas pensando en ese posible error. Esa alternativa. Esa puerta que dejaste abierta por si acaso te habías confundido y podía ser de otra manera.
Abres la puerta. Está dormido aún pero abre los ojos. Y al verte entrar y ver su mirada y su sonrisa por verte llegar, no te queda la menor duda de nada. Te das cuenta: fue un error, no sacaremos el tema más veces.

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