Hay tantas noches como momentos en una vida. Noches estrelladas, noches con nubes, noches de tormenta, noches de luna llena o sin luna, etc. pero sobre todo hay noches más especiales que otras, de esas que dejan huella.
En una de esas noches, poco estrellada y con alguna que otra nube vagando por el cielo, me he encontrado con un amigo de los que también son especiales, de los que dejan huella.
Primero tengo que decir que andar es muy reconfortante pero cuando casi te has recorrido el pueblo entero, se necesita una parada para sentarse y descansar.
Estaba nerviosa, no sabía de qué hablar y precisamente por estar nerviosa no me he callado pero, al rato, me he dado cuenta de lo cómoda que me siento entre sus brazos. Un abrazo sin duda reparador, que da seguridad y protección y me gusta sentirme así.
Ya empezaba a perder la noción del tiempo, pero cuando toca volver al mundo real y mirar el reloj te das cuenta de que no eres ninguna "Cenicienta" pero que deberías controlar tanto la hora como la confusión de los pensamientos. Muchas veces se nubla la mente y simplemente te dejas llevar pero otras no puedes permitirte esos lujos.
Tenía ganas de no irme, de quedarme abrazada como si se fuese a la guerra pero no puedo y si he dicho que no me separaría, no lo he dicho en serio porque no podría vivir así pero sin duda ganas no me han faltado de dejar que corran las manecillas del reloj mientras seguimos bajo esa noche de pocas estrellas y nubes que parecen tortugas.
Demasiado sentimiento se puede poner en un abrazo y llamaré. Prometo que llamaré =)
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