15.4.15

Decepciones

"La sinceridad es la base de la confianza" o eso es lo que se suele decir, pero muchas veces la excesiva sinceridad puede dar lugar a que tengan más cosas con las que dañarte.

Acabo de aprender, sin querer y casi sin darme cuenta, una lección que me quisieron dar cuando era muy pequeña. En esa época en la que las madres parece que quieren cubrirnos entre nubes de algodón para que no nos pase nada y nadie pueda hacernos daños. Mejor que contaros la lección, os cuento la historia. Seguramente será mucho más instructiva y gráfica.

Imaginad que tenéis un amigo de hace muchísimos años, desde la infancia. Alguien con quien has crecido, has llorado, te has enfadado, te has reído y alguna vez hasta has querido tirarle algo a la cabeza para hacerle entrar en razón o abrirle los ojos. Todos tenemos o deberíamos tener alguien así y yo por suerte tengo más de uno.
Ahora imaginad que, como tantas veces, le cuentas una cosa a esa persona de una tercera, porque afecta a una cuarta que también es importante. En realidad yo sólo tengo relación con ese amigo y con esa tercera persona porque a la cuarta ni la conozco, pero a mi amigo le importa lo que le pase y lo que yo sepa sobre la relación de los terceros. Confías, le cuentas lo que sabes porque el tercero te lo ha contado a ti en confianza también, pero sabes a ciencia cierta que tu amigo nunca dirá nada porque ante todo puedes confiar en él.
Un día, sin previo aviso, esa tercera persona te dice que está decepcionado, que la cuarta persona sabe todo lo que yo había hablado con él y que sólo puede ser porque se lo haya contado a mi amigo, porque es el punto común de los tres y quien se lo ha podido contar todo.
En ese instante yo no sabía muy bien qué hacer porque por un lado estaba avergonzada de haber dicho nada, pero por otra estaba entre cabreada e infinitamente dolida con mi amigo, porque confié en él y me ha fallado.
Hablando después con él, soy consciente de que he empezado gritando y muy cabreada pero a medida que iba pasando la conversación, me iba dando cuenta de que no era enfado, es que tenía que hacerle notar de alguna manera que me había molestado ya no el hecho de que dijese algo, sino que la confianza que llevaba labrándose durante años y que tantos disgustos nos ha costado diciéndonos verdades como puños, se había desmoronado de golpe y además por terceras personas.

Hace tiempo escribí sobre los dedos de la mano, los mejores amigos, los que no podrían faltarte nunca porque si algún día lo hacen, sería como si te cortasen uno de esos dedos. No sé si que te corten un dedo dolerá tanto como lo que siento yo ahora mismo. Es un sentimiento que jamás te habrías imaginado tener hacia esa persona, de decepción y desconfianza hacia cada cosa que le cuentas o le dices por que sí, como he hecho durante tantísimos años.

No sé si me faltará mi dedo de la mano pero lo que sí sé es que la confianza es infinitamente frágil y ni siquiera los años de duro esfuerzo sirven de nada cuando se puede perder en una fracción de segundo. Por suerte él puede estar tranquilo, yo soy 100% sincera con quien lo merece y una tumba cuando me cuentan algo que no debo contar o me piden que no lo cuente, incluso cuando estoy tan decepcionada.

20.11.14

Pequeños placeres

A veces nos estresamos tanto con la vida que llevamos que no somos capaces de pararnos a pensar en las cosas que realmente merecen la pena y que nos rodean día a día casi más que las que nos traen quebraderos de cabeza.
Seguro que no hemos pensado tantas veces como deberíamos lo increíblemente placentero que es retrasar cinco minutos el despertador para seguir durmiendo un poco más (o quedarnos dormidos como consecuencia de eso), y no lo pensamos simplemente porque luego nos entran las prisas “ay que no llego”, “ay que llego tarde y tengo que engullir el desayuno”. Vale sí, llegas tarde pero, ¿y qué? Ya llegas tarde, ¿qué más da cinco minutos más o menos? Las prisas nunca son buenas. La cantidad de gente que se ha matado en accidentes de tráfico por exceso de velocidad es increíble. Lo importante no es llegar cuanto antes, es llegar, y siempre se van a tomar mejor la tardanza si apareces con una sonrisa y un aire relajado que si vas medio sin aire y estresado.
Vamos a poner otro ejemplo. ¿Cuántas veces nos vamos de compras por el simple hecho de pasar una tarde tranquila o disfrutando de la compañía de una amiga? Aunque no nos compremos nada, por el placer de ver cosas o probártelas y ver cómo te queda. Pocas, muy pocas. No disfrutamos de esos momentos tan simples, los comercializamos, es decir, “me voy de compras PORQUE ME HACE FALTA… lo que sea”, no por pasar una tarde relajada y tranquila. O, ¿cuántas veces pensamos “me voy a comprar esto porque me gusta, me apetece y ya está? Sin pensar en nada más que porque sí, porque algo te ha gustado en un momento, sin pensar en que te combine con no sé qué cosa o que te sirva para no sé qué ocasión. También muy pocas veces. A no ser que tengamos una bastante buena autoestima y una cuenta corriente difícilmente mejorable, esas cosas no las hacemos, pero a nadie le hace daño darse un pequeño capricho de vez en cuando. Todo lo contrario. Tenemos que pensar que es un regalo, un regalo que nos hacemos a nosotros mismos porque sí, sin más explicaciones, “me ha gustado y me lo he comprado”.
¿Cuántas veces vamos por la calle mirando lo que nos rodea? Ahora ya no miramos si no es al reproductor de música para cambiar de canción, al móvil para ir hablando por whatsapp o a la Tablet para ir leyendo sobre una pantalla. Yo personalmente odio las tecnologías (a lo mejor por eso ellas también me odian a mí y por eso se rompe todo lo que toco…) pero, ¿dónde han quedado esos SMS de buenas noches donde tenías que condensar todas las palabras para que no se te saltase a un segundo mensaje? ¿Dónde han quedado las llamadas? Ahora son notas de audio… Pero independientemente de mi odio a las tecnologías y a la generación de absortos por el mundo tecnológico en la que vivimos, no disfrutamos de lo que nos rodea. No conocemos a la gente por cómo es sino por lo que pone o no en sus redes sociales, no miramos el cielo azul o una bella puesta de sol si no es a través de una pantalla para hacerle una foto. No disfrutamos de esas pequeñas cosas que nos pueden hacer la vida más amena, más sencilla, más tranquila.
Quedar con un amigo e ir a tomar un café o una cerveza ya no se hace tanto como antes porque “ya hablamos por los grupos de whatsapp o por Facebook” pero, ¿y lo emocionante de un abrazo de una migo cuando llevas meses sin verle? ¿O ver las caras de tu amiga cuando le estás contando tus últimas novedades y está alucinando como si le contases que anoche llegaron unos extraterrestres a tu casa y abdujeron a tus padres? Nos perdemos la emotividad y la expresividad de las personas por no aprender a mirar alrededor.
Hace un tiempo decidí que tenía que tomarme la vida con más calma y mirar las cosas que pasan en el entorno porque ir rápido crea el “efecto túnel” del que nos hablaban los profesores de autoescuela. Sólo ves el final pero te dejas todo lo que pasa alrededor.
Pensaréis que se me ha terminado de ir la cabeza totalmente pero no, hace algún tiempo me di cuenta de que no me servía de nada ir rápido y que prefiero una sonrisa de complicidad con un completo desconocido en el metro porque hay alguien haciendo algo raro que un emoticono feliz en el whatsapp. Prefiero mirar por la ventanilla del autobús o del tren para ver pasar el camino antes que pegar los ojos en una pantalla, por mucho que ese camino lo vea todos los días o sea algo nuevo. Prefiero llegar cinco minutos tarde al trabajo o a clase por haber retrasado el despertador y disfrutar de esos cinco minutos calentitos entre las sábanas cuando se necesitan y luego llegar tranquila y con una sonrisa en la cara. Prefiero sacar una tarde libre para quedar con mis amigos antes que quedarme en casa organizando cosas (para que parezca que hago algo) que luego no voy a hacer.
Hay que aprender a cuidarse a uno mismo porque sino estamos perdidos, y aprender a mirar a lo que nos rodea, porque sino siempre seremos unos ingenuos que creemos que con poner un “hola, ¿qué tal?” por whatsapp ya tenemos un amigo o hemos retomado el contacto con alguien.
La vida es corta, muy corta, y esos pequeños placeres, ese café con un amigo, es de lo que verdaderamente se disfruta. Nadie es imprescindible para nada ni nadie pero sí para uno mismo. Entonces, tratemos de vivir lo mejor posible para nosotros mismos y, sobre todo, mirando lo que tenemos delante, porque del pasado ya hemos aprendido y no lo vamos a cambiar ni va a volver y el futuro nadie sabe cómo va a venir ni si va a llegar.

Vivamos lo que tenemos delante, que es lo que realmente debemos valorar, y disfrutemos de esos pequeños placeres que se nos presentan y son sólo nuestros (aunque intervengan más personas en algunos casos).

18.11.14

Forever young

Hace unos días vi una cosa que raramente se ve en la sociedad en la que vivimos actualmente. Vi a un hombre diciéndole a su mujer lo guapa y espectacular que estaba con un jersey nuevo que se había comprado y presumiendo de mujer delante de todos los que estaban presentes. Eso, ya de por sí, no es una cosa que se vea de forma habitual pero aún más sorprendente resulta que esas dos personas lleven casadas más de 50 años y lleven, literalmente, toda la vida juntos. La vida que han llevado no ha sido fácil, pero es que nadie les dijo que lo fuese. Han sabido sortear las dificultades que la vida les ha dado con mayor o menor entereza pero siempre con fortaleza. Ella cayó gravemente enferma hace unos años y él jamás se separó de su lado, y no por pena sino porque él se moriría de pena si ella le faltase. Él accedió a las peticiones más nimias y soportó las broncas más absurdas que había tenido en toda su vida, pero merecía la pena porque lo hacía por ella. Eso era una relación de amor incondicional forjado en años pero no era una relación sana, hasta que ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo, de que él le daba todo lo que ella necesitaba o quería y en el momento en el que lo pedía sin pedir nada a cambio, mientras que ella lo que hacía era reprocharle estupideces sin sentido.
En ese momento, con esa toma de conciencia, es donde ella se dio cuenta de que tenía que cambiar y, es ahí, cuando se convirtió en una relación sana para ambos.

En toda esta historia podemos ver reflejadas un montón de cosas. Por mucho que lleven 50 años casados y toda una vida juntos, se siguen queriendo como adolescentes, se siguen demostrando que se quieren, siguen presumiendo de su pareja ante el resto del mundo como cuando te echas novio/a y se lo presentas a todos tus amigos para que vean lo genial que es, siguen saliendo a cenar como si fuese su primera cita, siguen dando paseos por el parque como si fuese el punto de encuentro de una pareja de quinceañeros. Y yo muchas veces me pregunto, ¿y por qué no? ¿Y por qué esas cosas no son las normales?

Hoy he visto a un chico de unos 16 años esperando en un banco a  una chica que, cuando ha llegado, le ha besado como si hubiesen pasado meses desde la última vez que se vieron, y acababan de salir del instituto, del mismo instituto, que por muy grande que sea no vas a estar mucho tiempo sin ver a esa persona. Eso me ha hecho volver por un rato a mis 16 años y pensar en esos abuelitos de los que hablaba antes. Se comportan igual pero en edades completamente distintas. Han sabido conservar y madurar la parte esencial y bonita de una relación para  que sea sana y preciosa.

Las únicas conclusiones que saco de todo esto son dos muy claras: por un lado, una relación para poder disfrutar de ella tiene que ser sana para ambos y, por otro, tenemos que guardar ese espíritu juvenil de la primera relación para valorar que cada día no es un día más con esa persona sino un día nuevo junto a él/ella.

https://www.youtube.com/watch?v=t1TcDHrkQYg

30.9.14

Incertidumbre y miedos

El miedo suele tenerse a lo desconocido. Cuando no conocemos un lugar, a una persona, un sentimiento, nos invade la incertidumbre y las personas odiamos la incertidumbre... Por mucho que nos neguemos a ello, no podemos vivir sin saber o intentar saber lo que va a ocurrir si hacemos esto o lo otro.
Seguro que habrá alguien que dirá "yo sí puedo vivir en la incertidumbre, prefiero que las cosas lleguen como tengan que llegar y ya está" pero a la hora de la verdad siempre esperamos que ocurra algo, que al llegar al cruce que  nos hemos encontrado en el camino haya un panel que nos indique dónde ir. Siempre tenemos preferencia por una decisión o por la contraria.
El síndrome de la margarita se podría decir. Todos alguna vez hemos hecho o visto hacer la "tontería" de quitarle los pétalos a la margarita para saber qué era lo que ella decía y, es verdad, puede parecer una tontería pero no lo es porque mientras arrancas cada pétalo repitiendo "sí, no, sí, no,..." ya sabemos cuál queremos que sea la respuesta, ese último pétalo blanco que lo decidía todo.
¿Qué se hace cuando ya no se tiene esa margarita? ¿Cuándo realmente nos invade la incertidumbre y no sabemos qué va a pasar o qué hacer? Pues que tenemos miedo...
"No hay que tener miedo", "hay que ser valientes", "el que no arriesga no gana", etc. ¿Cuántas veces habremos escuchado esas frases u otras similares? Yo misma me las he repetido mil y una veces en infinidad de ocasiones pero casi nunca les hago caso. Supongo que el miedo o la cobardía o como se quiera llamar, puede más que el dar un paso hacia delante. No sabemos si hay un precipicio o una colina verde y amplia, y por eso muchas veces no damos el paso, porque nadie nos puede asegurar que no vamos a caernos.
A veces las caídas vienen bien. Aprendes, creces, "maduras" como dirían las madres y abuelas, pero depende de la distancia de la caída. Otras veces dejan daños irreversibles, cicatrices que ya no se pueden eliminar ni con la cirugía estética más avanzada.

Parece increíble que resulte más fácil desahogarse con desconocidos (o conocidos pero no cara a cara) que con quien realmente deberíamos hacerlo y decir lo que deberíamos decir.
Hay cosas que son muy difíciles de decir... "te echo de menos", "perdón", "te quiero", etc. pero cuando las decimos nos sentimos aliviados. El problema es tener el valor a decir todo eso que tenemos guardado dentro, perder el miedo al precipicio y salir del estado de incertidumbre. Que si al llegar al cruce no hay un cartel, siempre habrá algo que nos indique por donde ir. Ya sea una corazonada, que un camino esté más liso o más iluminado. Da igual. Una leve seña para ir por ese lado y perder el miedo a continuar.

29.3.14

¿Cómo sobrevivir a los recuerdos?

18 años más tarde, la misma sensación.

Asoma por la puerta un hocico marrón, unos ojitos tímidos, asustados, pero juguetones. Sólo necesitabas un poco de cariño y un alma de niña que jugase contigo. El momento en el que aparecí por la puerta, te vi y te acercaste a mí, me enamoré. Me enamoré de tu pelo marrón, de tus aires de niña, de tu alegría y de tus ganas de jugar. No pude resistirlo, ya tenías mi corazón entero para ti. Supe que eras mía y que ibas a ser mi mejor amiga, mi hermana, mi confidente. Después de tantos años, siempre supiste cuando era el momento de jugar y cual el de sentarte a mi lado y escuchar o consolar.

Crecimos juntas, me conocías y sabías cómo despertarme, cómo acurrucarte junto a mí o cómo pedirme salir para dar una vuelta por el parque. Eras lista e inteligente, valiente y sincera, fiel y generosa, y con todo eso me hiciste quererte. Sacar el valor para que nada ni nadie te hiciese daño y cuando te vi en peligro aquel día, no pensé en que podía salir yo herida sino que no te pasase nada a ti.

Algo dentro de mí murió con esa llamada. Yo estaba jugando en el portal de casa y me llamaron desde arriba porque tenía una llamada al teléfono. Ojalá no hubiese subido nunca, ojalá no te hubieses ido nunca.

Recuerdo aquel día como si fuese ayer. Entré encasa y me dijeron “¿Puedes quedarte sola? ¿Estarás bien?” y yo respondí que sí, pero cuando se cerró la puerta a mis espaldas y me vi sola, realmente sola, que no venías a buscarme a la entrada, se me derrumbó el alma. Descubrí que no iba a estar bien, que nada estaba bien, que no podía ser nada bueno el estar allí otra vez, sin ti. Cuando vi el lugar donde dormías, vacío, me acurruqué ahí y me convertí en el mar de lágrimas que, como niña y como amante, debía ser. Me pasé el fin de semana casi sin comer y durmiendo cuando me cansaba de llorar. Cuando todo eso pasó, descubrí que siempre me quedaría algo de ti en mí.

Hoy, 18 años más tarde, revivo ese mismo instante. Esos ojos tímidos y asustadizos entrando por la puerta, esa carita que dice “cuídame, sálvame, lo necesito”, ese mismo pelaje marrón pero un poco más grande de lo que eras tú. Ese mismo aire juguetón pero unos años más tarde. Revivir otro momento como aquel, tantas alegrías y tantos consuelos y tristezas. La diferencia es que ahora ni siquiera vas a poder vivir esos momentos ni conmigo ni con la persona que te descubrió y decidió salvarte. Ahora la figura matriarcal es bastante diferente. Ya no es una adorable abuelita que busca compañía sino una mujer que no quiere más cariño que el de su esposo, que no se lo da tampoco.

El disgusto que tengo hoy es el de revivir todos aquellos momentos contigo pero sin ti. El de saber que podrías ser tú quien estuviese volviendo a una perrera para ser sacrificada porque una madre de familia no te quiere en su casa. Pero con esto la guerra está perdida. Ella la tiene más que ganada, es su casa y lo ha dejado más que claro en muchas ocasiones ya.


Lo siento, de veras. Ojalá pudieses traer la alegría que tienes para dar en esos ojos esperanzados por encontrar una familia, pero ellos no supieron ver el momento y, sobre todo, que otra familia podría haberte descubierto igual y haberte acogido de buena gana.

13.2.14

San Valentín

14 de Febrero, San Valentín, el día de los enamorados,... mismas formas de llamar a un día como otro cualquiera del año.

Este es un día que, aunque fue creado con fines comerciales por una empresa concreta (que no pienso mencionar pero todos conocemos), es un día bonito, un día en el que se vive de ilusiones y se manifiesta el amor existente en una pareja. Un día en el que se dice te quiero en todos los idiomas: te quiero, ti amo, I love you, je t'aime, ich liebe dich, eu te amo, tôi yêu em, أنا أحبك, 我愛你, ik hou van je, σ 'αγαπώ, etc. Un día de esperanza, cuando tienes un amigo que te gusta y estás deseando que te pida salir, cuando has discutido con tu pareja y esperas a ver qué se le ocurre hacer para disculparse, cuando esperas que tu novio te pida que te cases con él o que os vayáis a vivir juntos, etc. Es un día para hacer todas esas cosas que no nos atrevemos un día normal. Esperamos a ese 14 de febrero para echarle valor a tantas situaciones que sólo toman forma en nuestras mentes, que cuando llega la  ocasión, sólo sacamos de valor ese día por la etiqueta que lleva y el nombre que se le pone. Pero, ¿de verdad creemos que las cosas tan bonitas que se hacen en San Valentín sólo pueden ocurrir ese día o tienen algo especial  por ser justo en ese momento? Yo creo que cualquier acontecimiento importante, seguirá siéndolo ocurra el día del año que ocurra, sin necesidad de etiquetas.

Vale más una petición por sorpresa, que esperar a que lo haga un día concreto. Además, si esperas algo con mucho ímpetu y luego no ocurre o no es como lo habías imaginado, casi te decepciona más.

Las sorpresas son lo emocionante que nos da la vida y si matamos esos momentos inesperados con etiquetas innecesarias, pronto estaremos comportándonos todos de igual forma, como marionetas guiadas por el titiritero de turno. Lo hermoso es ser especial, ser distinto, ser raro, ser contrario al resto, porque aunque critiquen, lo bonito es lo que sorprende y lo rutinario siempre termina aburriendo.

¡Feliz día de San Valentín y felices 365 días del año! 

2.2.14

Perfección

Imaginemos la perfección absoluta.
Cada persona tendrá sus propias ideas de las características requeridas por la persona completamente perfecta para él o ella pero por lo general, la sociedad occidental se guía por unas pautas y normas "invisibles" clave, como son la sinceridad, la fidelidad, las demostraciones de afecto, etc.
Bueno, pues ahora probemos una cosa. Probemos a imaginar cómo sería un día con esa persona perfecta en el presente o en el futuro (los pasados no valen, son sólo recuerdos) y describamos con todo lujo de detalles a esa persona.
Por lo general, será un hombre o mujer, dependiendo de los gustos de cada uno, que sea atento, detallista, sincero, fiel, divertido, amable, simpático, alguien en quien puedas poner de pleno toda tu confianza, un compañero de viajes y el viaje más largo es la vida. Siempre puede haber excepciones, que para gustos se hicieron colores.
Pero ahora responded una cosa, ¿alguien se ha imaginado una discusión con esa persona perfecta? ¿una voz más alta que otra? ¿un día de lluvia en vez de todo soleado y lleno de pajaritos cantando por el cielo? Seguro que no, porque nuestra visión de la perfección sigue siendo exactamente eso, lo que esperamos, lo que anhelamos y lo que no conseguimos. Y no lo conseguimos, no porque realmente no se esté dando así, sino porque se complementa con esas discusiones, esos distintos puntos de vista, tormentas que sólo se puede esperar a que pasen, etc. Son simplemente "ruido" en medio de una melodía pero ahora pregúntate otra cosa: ¿sabrías apreciar la perfección sin esas discusiones? ¿Sabrías apreciar lo que tienes antes de ver que se va? ¿Sabe mejor un beso al llegar a casa o un beso para callarte cuando estás gritando en medio de una discusión? Yo, personalmente, tengo que conocer la soledad para saber lo que es la compañía y, sin duda, me sabe mejor un beso que me calle en una discusión, que uno que se da porque sí, porque el último va acompañado de algo de cariño, pero el primero es una fusión de sentimientos. Es un beso impregnado en la furia de los gritos, la frustración de no saber qué decir, la pasión de la otra persona y un "cállate que te prefiero así".
Por todo esto creo que no sabríamos apreciar la perfección sin esas pequeñas cosas que lo hacen imperfecto. Lo perfecto es aburrido. Las imperfecciones es lo que hacen la vida un poco más divertida y mejor.

30.8.13

¿Errores o aciertos?

Hoy comencé a pensar en por qué no tenemos una máquina del tiempo para regresar al pasado y cambiar las cosas que hicimos o llevar a cabo algunas de las que quedaron en simples deseos. Creo que en verdad las cosas ocurren de esa forma porque nos ayuda a crecer como personas, tanto los errores como los aciertos.

Mucha gente a lo largo de mi vida me ha dicho "tendrías que haber hablado de esto en ese momento", "tuviste que hacer aquello" o "deberías haber evitado esa decisión". Es verdad que en algunas ocasiones crees que esa gente tiene razón y deberías haber dicho o callado algo, haberte ido cuando no lo hiciste o quedarte cuando estabas bien, pero gracias a esas decisiones he conocido gente que me ha ayudado a ser como soy hoy en día.

Por ejemplo, gracias a no hacer caso a una de mis mejores amigas, acabé cegada por un imbécil que me hizo mucho daño. Clarísimo error, aunque yo no lo vería así del todo. Fue un error no escuchar pero si no lo hice es porque yo lo veía bien y porque necesitaba cometer ese fallo para darme cuenta de cómo es esa persona y de que mi amiga tenía razón. Esa decisión me hizo valorar más a mi amiga y eliminar de mi vida alguien que no se merecía estar en ella. Por eso se dice que "de los errores se aprende".

Pero bueno, ahora tengo otro ejemplo, para ver como de lo que el resto del mundo cree un error, no lo es.

Cuando tomé la decisión de repetir un curso para tomármelo más en serio al año siguiente y conseguir entrar a la carrera que realmente quería, todo el mundo me dijo que no lo iba a conseguir, que estaba cometiendo un error enorme porque al final me relajaría y no tendría resultados por ninguna parte. Bueno, por suerte hoy puedo decir que estaban completamente equivocados, hace ya más de dos años que conseguí lo que buscaba y donde lo buscaba.

No me arrepiento de nada y no sólo porque el fin fue exitoso sino porque, gracias a repetir ese año, he conocido personas estupendas y que ahora mismo no me imagino que no hubiese sido así, porque son mi gran apoyo. No hablo sólo de mi grupo de amigos más cercano, que evidentemente también va por ellos, sino de todos y cada uno de mis compañeros de clase, de cada uno tengo un recuerdo y de cada uno de ellos saco siempre algo positivo. Estudio en la biblioteca para un examen, guerra de nieve en la terraza, tardes tomando algo en el césped, comidas de tupper hablando de cualquier cosa, trucos de magia, que te ayuden a recoger los bolis que te han tirado al medio del pasillo, trabajos grupales con niños, informes o EEG, etc. Cada momento va asociado a alguien o un grupo de gente que no cambiaría por nada y a la que voy a echar mucho de menos. Voy a echar de menos las bromas de Mario, las conversaciones escuchadas a medias entre Diego y Rocío que me hacían replantearme dónde me había metido, el abrazo de las mañanas de Rocío porque simplemente nos habíamos dejado los apuntes de memoria o lenguaje, los desfases con Lurdes, las conversaciones con César y sus trucos de magia, la cara de vergüenza de Lidia al presentar su libro a la clase, las caras preocupadas de mi Consejo de Sabias cuando me sentaba lejos y no quería hablar, los mensajes de "te queda muy bien eso, estás muy guapa" antes de que se mandasen por whatsapp, las preguntas de Inés y Víctor que ni los profesores saben cómo contestar, etc. En fin, creo que ha quedado claro que voy a echar muchas cosas de menos.

En verdad agradezco ese "error" que todo el mundo decía que estaba cometiendo por todos ellos y por alguien que no puedo olvidarme. Un amigo que desde que le conocí siempre estuvo ahí, siempre me aconsejó con todo independientemente de quién más estuviese involucrado, alguien que me acompaña a comer pipas una noche en la que sólo quiero escaparme de mi casa o darme un abrazo para que se me pasen los ataques de ansiedad, que sale conmigo a verme fallar canastas y hacerme cosquillas o que me invita a merendar por el placer de que le gusta comer y a mí cocinar postres, que se queja de que no subo a hacerle compañía a la piscina porque en el fondo le gusta mi compañía y meterse conmigo. Él también me ha hecho cambiar, me ha ayudado siempre y posiblemente si no hubiese repetido no le habría tenido dos años en clase y no estaríamos así.

Todo el mundo creía que estaba equivocada pero lo habría vuelto a hacer mil y una veces más si me aseguran que voy a conocer a la gente que está a mi lado de verdad.

Esto también nos enseña que lo que alguien cree un acierto o un error, no tiene por qué serlo para todo el mundo igual y debemos tomar las decisiones por lo que nosotros mismos creemos, tanto para bien como para mal, de las dos formas aprenderás una lección nueva.

Me alegro de haber cometido errores.

29.7.13

Caminemos

Fluidez, calma y tranquila o rápida y tempestuosa. Lo mejor es que todo fluya, como el río por su cauce hasta llegar al mar. En algunos tramos sereno y, en cambio, en otros embravecido y furioso. Pero, por muy largo o corto que sea el cauce, todo tiene un final, siempre hay un mar esperando a que llegues a él, una cima esperando ser coronada, aunque muchas veces nos olvidemos que lo importante no es el fin, sino el camino que recorremos para llegar a él.
La vida es precisamente así, se basa en los pasos que damos, lo que hicimos y lo que dijimos queda grabado como una huella en la arena y, al fin y al cabo, vuela, se borra y se vuelve a empezar, se elimina de la memoria o se difumina, pero hay huellas que no son tan fáciles de borrar. Un huracán o un tsunami quizá podría con ellas, pero pocos de esos pasan por nuestras vidas sin llevarse algo más a cambio. Como canta Fito en una de sus canciones "podrás borrar las huellas, no el camino".
Muchos estaréis pensando que me he vuelto loca definitivamente o que me ha tenido que pasar algo para hacer este tipo de reflexiones. En cierto modo es un poco de las dos.
Ayer pensé que cuando confiesas algo a alguien, indirectamente, estás admitiendo una verdad que, posiblemente, aun no quieras admitirte a ti mismo. Ciertamente es así y sino, ¿cuántas veces hemos evitado contar algo que nos ocurrió con la esperanza de que se nos olvide pronto? ó ¿cuántas veces no hemos querido admitir una pérdida y por ello no lo decíamos a nadie? ó ¿alguna vez habéis evitado decir "te quiero" por miedo a la realidad que esas palabras conllevan?
El miedo de admitir nuestra propia verdad, nuestra propia realidad, es lo que nos empuja muchas veces a callar esas palabras que están deseando salir. Aunque precisamente por eso, los hechos valen más que las palabras. Puedes evitar decir un "te quiero" pero no hacerle una caricia, puedes evitar decir "lo siento" pero no la mirada arrepentida, puedes evitar decir "te echo de menos" pero no una lágrima. Todas esas cosas que no podemos evitar, llevan palabras asociadas, pero sin ellas también se admite la realidad a la que tanto nos resistimos, la que tanto miedo nos da.
Pablo Neruda escribió una vez "en un beso sabrás todo lo que callado" y ahí es donde queda latente el sentimiento, en el hecho, no en las palabras que no se dicen sino en lo que se hace, lo que nos hace sentir.
Debemos aprender a valorar el camino que andamos, respetarlo y concienciarnos de que realmente lo que más vale no es lo que decimos sino lo que callamos. Aprender que el miedo es cobarde y que quien no arriesga, no gana. Debemos ser valientes, echarle coraje y seguir adelante, porque como dijo Machado "caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Andemos.

28.5.13

Forever

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero yo lo perdí hace mucho tiempo. Para ser concretos, la tiré por el balcón hace tres años y 12 días.

Hace mucho que no escribo sobre este tema, parece que estaba olvidado pero nunca lo estuvo. En fin, siendo sincera, me alegro mucho de que las cosas estén así para esa otra persona porque ha conseguido encontrar a alguien que le valore más de lo que lo hice yo en un pasado.
Era una cría que no sabía luchar por lo que quería y aunque hubiese dado lo que fuese por verle bien, no supe tener en cuenta que eramos uno. Eramos una misma persona en aquel tiempo y si uno se dañaba, inmediatamente el otro también. Nos hice daño a los dos pensando que era lo mejor para él... Me equivoqué aunque sea infinitamente tarde para admitirlo.
No tengo ningún derecho a meterme en su vida y no lo haré. Sólo sabiendo que está bien y que es feliz, me basta.

Una cosa sí es cierta, yo dije que sería para siempre y así lo cumplí:


19.1.13

Los problemas sólo llaman a más problemas

De unos meses para aquí no oigo más que malas noticias, problemas y enfermedades graves varias. Cuando empiezas a sobrellevar y digerir la anterior, llega una nueva aún peor y así, sinceramente, es complicado salir de algo. Se ha convertido en un completo bucle del que es imposible salir y ya me han tocado mi talón de Aquiles.

Si tienes que digerir una enfermedad de un familiar relativamente "indirecto", se hace más llevadero que cuando te dicen que tienes que asumirlo en una abuela o la propia madre. Hay noticias que no deberían existir, enfermedades que deberían ser totalmente erradicadas y personas que no deberían faltar nunca. Es una lástima que no podamos controlar ese tipo de cosas pero a quien mueve los hilos de nuestra vida como marionetas de muñecos de trapo yo le pido un poquito de clemencia, creo que nadie se merece tanto daño...

En estos casos también es en los que te das cuenta de quién está ahí, quién puede intentarlo y quién nunca más estará. En estos momentos de mi vida lo que menos necesito es gente que se haga la preocupada cuando no le importa lo más mínimo mi vida así que, por favor, por un mínimo de respeto, si no te importo, no preguntes.

2.10.12

Tornado

       Lo que pasa por mi vida en estos instantes no se podría definir como lluvia, ni siquiera como tormenta tropical. Es, directamente un tornado. Si la máxima magnitud es de 5 en la escala y aún así lo llaman "El dedo de Dios" mi vida creo que se lleva en estos instantes un premio por conseguir lo nunca visto, una magnitud de 6.

       Tantas cosas, tantos problemas... que no sé en qué sumergirme para no pensar en ninguno... ¿Familia? Imposible, porque si no tenía suficiente con problemas de hospitales ahora sumamos uno más que me ha destrozado la moral. ¿Estudios? Ah pero, ¿que voy a poder seguir estudiando? ¿Amigos? ¿Y en quién puedo confiar?

       Desearía tanto deshacer mi vida...

       Necesito una razón para seguir viviendo, en serio.

30.8.12

Realidades

Parece ser que cada persona tiene una realidad propia y eso es lo único que somos capaces de observar. Yo puedo ver una realidad y la persona que está a mi lado, completamente la contraria.
Algo así ocurre con las edades. Personas de diferentes edades ven lo mismo, pero de distinta forma. Una persona de mayor edad preferirá quedarse en casa y descansar. En cambio un joven estará deseando la llegada del fin de semana o las vacaciones para salir de allí.
Sinceramente, las personas más mayores habrán pensado que ya no les queda nada por vivir, algo con lo que no estarán nada de acuerdo otros que hayan pasado más años, pero los jóvenes sabemos que nos quedan muchas cosas por vivir.
Si además añadimos que una persona joven ha sufrido el accidente mortal de un amigo de su misma edad, con más ganas pensará que tiene que vivir lo que le prepare el día a día. ¿Por qué vas a esperar a mañana si lo puedes hacer hoy? ¿Por qué vas a rechazar salir de fiesta un fin de semana con tus amigos y esperar a la próxima si no sabes si estarás en ese sitio, si una enfermedad te lo impide y estás en el hospital o si  un coche se salta un semáforo y tu moto vuela por los aires? Está claro que la gente joven piensa mucho más en eso. Los padres ya han pasado su época de fiestas y parece que no entienden que queramos pasarla igual, porque a medida que pasan los años, los hijos nos enteramos de cosas que hicieron nuestros padres y eran impensables porque son "modelos" a seguir, como ellos dicen. El problema es que no hay modelo perfecto, todos los maniquíes tienen errores por pequeños o maquillados que estén y siempre se acaban por descubrir.
Cada época de la vida tiene sus pros y sus contras, a la vez que un modo de vida distinto. El problema está en no saber convivir con el modo de vida del compañero de al lado.

19.8.12

Indiferencia


Lo único que recibo de ti es esa reacción de no importarte nada, de pasar de todo. Duele, hiere, daña, araña y no te importa nada.
Me dices que te agobio por el simple hecho de preguntarte qué tal el día, me dices que sé lo que haces en todo momento y que soy yo la que tiene algo distinto. Sabes que no es verdad, sabes que mis días son iguales siempre aunque no sean dentro de una biblioteca.
Admiro tu fuerza de voluntad y tus ganas de seguir adelante. Soy consciente de que tu máxima prioridad ahora es conseguir tu propósito porque eso es tu futuro. Yo sé que no tengo cabida en él y que por eso eres así.
Hace un par de semanas exploté, di una segunda oportunidad para demostrar eso que decías con palabras. Siempre te he dicho que las palabras se las lleva el viento, se evaporan como el humo del cigarro que una vez compartimos y me has demostrado que lo que decías no era cierto. Querías estar conmigo pero no como pareja porque una pareja no soporta estar días sin hablar con la otra persona. Casi como yo no soporto darte los buenos días o las buenas noches, ver que te has conectado y que no has sido capaz de contestar.
Eso es lo que verdaderamente duele. Darte cuenta que todo lo bonito que ves o que quieres ver, no existe. Que pensé, creí y te creí cuando me dijiste “te quiero” hace un par de semanas. Fue toda la demostración que necesitaba para seguir adelante. Fuiste mis fuerzas y mis flaquezas.
Pero no dejaron de ser palabras. Ahora, aquí, a 200 kilómetros de distancia yo te necesito, te siento y te pienso cada día y me parto en dos cuando pienso que te molesta que te pregunte y me lo guardo para mi.
Me he propuesto algo, no sé si será lo mejor o un error pero es lo que llevo haciendo unos días. Después del susto de la otra noche, eso no volverá a ocurrir pero me desahogaré sola. En la oscuridad de mi habitación nadie me verá llorar y en la soledad de una ducha no me oirán sollozar. Al salir de ahí, lo único que se verá será una gran sonrisa y unos ojos que brillarán transparentes para los que realmente quieran darse cuenta. Mis labios dirán que nada ocurre mientras mis ojos gritarán que necesito un abrazo y un beso de tu boca.
Sentimientos y apariencias totalmente contradictorios. Por esa razón no sé si es un error o lo mejor. Lo único que sé en este momento es que te necesito a mi lado y tú no piensas en mi. Es decir, sentimiento no correspondido. Ese sí es el mayor error.

20.7.12

Dilema

Salir. Huir. Desvanecerse. Evadirse. Desaparecer. Correr. Alejarse. Olvidar. Destrozar. Llorar. Desvelar. Horrorizar. Romper. Herir. Confundir. Sentir.

Son muchas palabras para un inicio pero son todas identificables con mi estado de ánimo actual.

¿Nunca habéis recibido algo que os ha hecho daño? Que os haya herido tan al fondo que duela en lo más profundo de vosotros mismos, que os haga querer estar en otro cuerpo cualquiera pero que no sea en el que estáis, que os arrepintáis de sentimientos que no podéis controlar, que odiéis no poder controlar esos sentimientos tanto en vosotros mismos como en las otras personas.

Llega un momento en el que no sabes en qué lugar estás, en qué lugar te mereces estar y si serás capaz de elegir el buen camino para encontrarte con ello.

De pequeña me enseñaron que hay ciertas cosas que dependen de dos personas. Si una de ellas no quiere o no tiene ganas es porque no siente lo mismo que la otra, no tiene esa necesidad. Duele darse cuenta de eso cuando ya has crecido. De pequeño es más fácil, si un amigo no quería jugar contigo, jugabas con otro y fin del problema. Más adelante aparecen los sentimientos y la empatía. En estos momentos odio estudiar lo que estudio para descubrir que hace un montón de años empecé a sentir lo que hoy siento.

Todo es cuestión de prioridades y de ordenarlas en su debido orden. Me ha quedado claro que hay demasiadas cosas por encima de mi, ahora es cuando a mi me toca decidir qué es lo que puedo llegar a soportar; hasta qué punto mi fortaleza supera las adversidades. Estoy confusa. Mucho.

Llevo unos días escuchando una canción que dice "listen to your heart when he's calling for you. Listen to your there is nothing else you can do. I don't know where you're going and I don't know why, but listen to your heart before you tell him goodbye." (para los que no se nos de bien el inglés: "escucha a tu corazón cuando te está llamando. Escucha a tu corazón, no hay otra cosa que puedas hacer. No sé a dónde estás yendo y no sé por qué pero escucha a tu corazón antes de decirle adiós."). Tiene tanta razón y es tan complicado que incrementa la confusión y el sentimiento de huida.

Definitivamente hay cosas que no sientan bien. Hay demostraciones discretas de cosas que preferiría que fuesen contrarias. No se puede controlar. Cada uno siente lo que quiere y como quiere o puede.

La decisión entonces está en aguantar o rendirse. Nunca se me ha dado bien rendirme pero nunca se me ha hecho algo tan cuesta arriba.
He ahí el dilema de la cuestión.

15.7.12

Date cuenta

Una discusión. Discusión fuerte y continua durante un fin de semana. Llega el domingo y no puedes más, necesitas salir y respirar. Necesitas estar sola y pensar. Pero aparece alguien del pasado, alguien importante que te dice que te escucha. Eso ya es más de lo que muchos harían. Aceptas.
Esa noche camináis juntos. Charlas. Opiniones. Risas. Siempre buscas estar bien cuando otros te ven, pero llega un momento en el que se pulsa ese botón que pone "no tocar" y piensas "¿qué más me da?" y te dejas ver rendida, triste y llorosa. En el fondo tiene razón, debería hablar con él y arreglar las cosas.
Esa noche cuesta dormir, pero al despertar caes en la cuenta de que vas a estar cerca de él, cerca de su casa y decides que quizá es un buen momento para aclararlo todo. Antes de decidir nada, ya tienes un "buenos días" en tu móvil. Es él. Quiere hablar.
Acabas invitándole al día que tienes reservado para pasar allí y cuando retomas el tema principal recibes un "no lo sé, estaría cansado" y captas la directa. Te toca actuar a ti.
Después del día que habéis pasado no creo que le queden ganas de volver a hacer lo mismo más adelante, o eso crees.
Al llegar a casa crees que ha quedado todo zanjado pero un comentario, una simple petición te dice que no, que la cosa no había terminado ahí. "Se tuvieron que llevar a mi abuelo al hospital y por eso no pude ir" ¿dice la verdad? ¿miente? tan difícil de saber. En principio miente. No sabes cómo afrontarlo y decides no volver a decir nada, no quieres saber nada más del tema y necesitas meditar qué es lo que haces y qué es lo que te mereces.
Sales con tus amigos y dos días más tarde, la vuelta a casa se torna distinta.
Una llamada. Extraña. Inesperada. ¿Su padre? Será que no tiene saldo y prefiere llamarme. Descuelgas. No, es su padre de verdad y... ¿qué está diciendo? ¿En el hospital? No puede ser, se lo habría dicho. ¿Qué no quería preocupar? Pues menos mal. Al colgar, te ha quedado claro que esa noche no es bueno momento para visitas pero tomas una decisión instantánea: da igual todo lo que haya pasado, mañana estarás allí a primera hora de la mañana para ver cómo está. Luego hablas con él. En efecto, su padre tenía razón. No lo ha dicho por no preocuparte, porque sabe que te ibas a poner nerviosa y era cosa de un solo día pero aún así no puede evitar que preguntes y que quieras saber con todo detalle que está bien y querer estar allí, junto a la cama del hospital viéndole dormir y despertarse. Sufriendo si sufre y velando sus sueños si duerme.
Esa noche se hace casi imposible conciliar el sueño. Cinco horas. Cuatro horas. Tes horas y consigues dormir, pero te despiertas incluso antes de que le de tiempo al despertador a sonar.
Coges el teléfono a la hora indicada y un minuto antes, llamas. Responde su madre. Cuenta cómo ha pasado la noche y que aún duerme y una sugerencia "haz como quieras, si quieres venir como si no" ¿Acaso cabía la menor duda de que no fueses a ir?
Te falta tiempo para coger las llaves del coche y salir de casa. Carretera. Nervios. Sales antes de la salida que tenías que coger y te pierdes, pero rápidamente te encuentras. Es terreno conocido. Al fin ves el hospital pero no hay aparcamiento. Plan alternativo. Sí, ahí sí hay donde aparcar.
Sales del coche y llamas otra vez a su madre pero ya estás más tranquila. Ya estás allí. Sólo a unos pasos de él y a unos minutos de verle.
La conversación con su madre es entretenida pero ha derivado en hospitales y más hospitales y... ¿qué es lo que ha mencionado? ¿la abuela en el hospital el fin de semana? ¿no era el abuelo? ¿será un error de tecnología? Sólo lo sabrás cuando le veas.
Camino a la habitación, vas pensando en ese posible error. Esa alternativa. Esa puerta que dejaste abierta por si acaso te habías confundido y podía ser de otra manera.
Abres la puerta. Está dormido aún pero abre los ojos. Y al verte entrar y ver su mirada y su sonrisa por verte llegar, no te queda la menor duda de nada. Te das cuenta: fue un error, no sacaremos el tema más veces.

24.5.12

Lección de amistad



Definición según la RAE:
Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
Yo, sinceramente, añadiría a esa definición una taxonomía propia que, estoy segurísima, utilizamos todos.
Hay que saber distinguir entre los conocidos, los amigos de nuestros amigos, los compañeros, los acompañantes de fiestas, los amigos y los verdaderos amigos.
Cada uno de ellos tiene un trato distinto con nosotros y por tanto reciben un trato distinto por nuestra parte.


Los conocidos son esas personas que conocemos (valga la redundancia) de vista y somos cordiales con ellos por educación.
Los amigos de amigos normalmente suelen ser compañeros de fiesta también o conocidos porque les has visto una vez nada más.
Los compañeros son aquellos que te prestan los apuntes en clase, te echan una mano cuando lo necesitas, te ayudan a no perderte prácticas porque te has puesto malo un día y te ponen al corriente de todo lo que ha pasado si se lo pides.
Los acompañantes de fiesta pueden ser unos días unos, otros días otros, pero pueden ser de todas las otras categorías al mismo tiempo.
Los amigos son aquellos con los que hablas, sales de fiesta, a tomar algo, a dar un paseo, haces planes de veraneo, lo pasáis bien juntos, etc.


Pero los más importantes y los más escasos (por eso son tan especiales) son los amigos de verdad. Son aquellos que están contigo tanto para irse de fiesta como de funeral o a darte una sorpresa si te ingresan en un hospital. Son esos que forman parte de la misma persona, aquellos que si te faltan te sientes vacío. Aquellos a los que les cuentas un mal momento y se plantan en tu casa en 5 minutos (estén donde estén) con una bolsa de palomitas, una tarrina de helado y una buena película. Esos con los que ríes a carcajadas hasta no poder más porque te dan agujetas y que al mismo tiempo pueden convertirse en un pañuelo de lágrimas para ayudarte a secar el mar que tienes por delante. Son los que te miran a los ojos una buena mañana y mientras el resto de las categorías te dice "ala, qué guapa estás, qué feliz se te ve", "qué bonita sonrisa, sigue así que me encanta", ellos ven más allá, saben leer en tus ojos que esa sonrisa no es de felicidad, que quieres echarte a llorar pero tu orgullo no te deja hacerlo ahí delante y te apartan, te meten en un sitio para estar solos y puedes llorar a gusto porque, aunque no les guste verte así, sabes que son tu mayor apoyo, que son parte de ti y que si antes de un examen necesitas oír un consejo antes que un "ánimo y deja de pensar en ello, que no merece la pena" ellos dan el consejo adecuado.
Son ese tipo de personas que desearías haber conocido mucho antes pero que por alguna razón no ha sido así y en el fondo es mejor porque los niños no saben tratar a los amigos, sólo jugar con ellos.



Por todas esas personas que han venido a verme al hospital, gracias.
Pero por esas personas que sorprenden, animan y se presentan sin pensárselo dos veces nada más enterarse, MIL VECES GRACIAS. Porque eso son amigos de verdad.


Os quiero muchísimo ;)

14.4.12

En término de costes y beneficios...

Día 14 de Abril...
Dos pensamientos completamente contrapuestos...
Dos personas completamente distintas...
Dos situaciones completamente incomparables...
Uno positivo, otro negativo...
Comenzaré por el negativo, siempre suele ser mejor la alegría al final del cuento.
Hace un año y siete meses en un accidente de moto perdí a uno de mis mejores amigos. Me lo arrebató el destino, la velocidad y un conductor que se saltó un semáforo color rojo rubí en las calles de Barcelona. A casi 700 kilómetros estaba yo, su amiga, su confidente y su esperanza, recibiendo una llamada que me destrozó, me tiró el mundo encima y no supe levantarlo. Su última palabra antes de morir fue mi nombre, esa es una espina que nunca conseguiré quitar o que cicatrice y hoy sigo llorándole y necesitándole como todos y cada uno de los días desde que le conozco, desde hace 7 años. Hoy es un día de luto, como cada 14 de cada mes pero hoy el tiempo me da la razón, está negro como el tizón.

Bueno, el lado positivo de este día es bastante más alegre.
Hace unos meses dejé de hablarme con un amigo mio muy importante para mi y cuando lo creía todo perdido, me dio por dar mi brazo a torcer, hablar y admitir que le echo de menos. No voy a permitir que la distancia me quite lo que me quitó la muerte hace tiempo. Es un juramento que me hice y que pienso cumplir como si dependiese de ello. La única forma de recuperar lo que casi estaba perdido ya se me ha ocurrido que podría ser empezar de cero, como si no nos conociésemos de nada y creo que no va mal del todo. Al menos tengo esperanzas, que ya es bastante más de lo que hubiese podido imaginar el 9 de este mismo mes, que era su cumpleaños.

En término de costes y beneficios se podría decir que hoy es un día equilibrado.
Hakuna matata, vive y se feliz ;)

19.3.12

Una nueva oportunidad

El sábado se me desmoronó el mundo encima. Mis padres se iban de fin de semana al pueblo y a las pocas horas llegó la peor noticia de todas: mi madre estaba de camino al hospital.

Estuve todo el día sin saber nada de ella, tuve que ir a comer con mi otra familia como compromiso pero nadie me decía nada y cuando terminé de comer, cogí el coche y volé hasta el hospital a ver a mi madre. Me daba exactamente igual que no me dejaran entrar, si hacía falta me colaba pero yo necesitaba ver a mi madre y saber que estaba bien. Cuando llegué al hospital me enteré de lo que le había pasado: le había dado un infarto. Según lo describe ella, se creía que se iba a morir del dolor que tenía en el pecho pero por suerte fue una crisis de ansiedad y no ha dañado el corazón.

Sólo se me pasó un pensamiento de una conversación pocas horas antes. Hablé con ella, me dijo que me echaba de menos mientras subía las escaleras, apagó la luz y lo único que pude responder fue: "yo también te echo de menos, mamá" y estuvimos hablando un rato pero ahí quedó la historia. No me despedí de ella antes de irse al pueblo y nadie se pudo imaginar lo culpable y lo mal que me sentía durante todo el día si yo no llegaba a ver a mi madre. Era mi única prioridad.

A partir de ese momento y de cosas que pasan así, te hacen reflexionar y pensar que necesitas estar con la gente que quieres y te quiere en todo momento, y vivir cada día como si fuese el primero y el último. Es lo más necesario y fundamental en la vida, vivir como tú decidas vivirla.

7.3.12

Paren el mundo, que me quiero bajar

Quizá soy yo que le doy muchas vueltas a las cosas o las cosas me dan muchas vueltas a mi. La conclusión, al fin y al cabo, termina siendo la misma: se marean mis pensamientos.
Tengo tantas cosas que contar y tan poco tiempo y espacio que no sé por dónde empezar. lo mejor será comenzar por orden de prioridades, de la primera a la última.

En primer lugar, no puedo evitar sentir tristeza por una ausencia. Cada gesto, cada foto, cada comentario, cada situación parecida que sea suya o que haya vivido con él me hace acordarme, y querer darle un abrazo de esos que me cortaban las lágrimas cuando menos se podía. Le hecho tantísimo de menos. Él no me cree cuando se lo digo pero si pudiese leerme la mente no le quedarían dudas. Además, veo a Bea con Dani y recuerdo la tarde que se conocieron, esa tarde también estaba él, la "sangriada" de CIU. Fue una gran tarde. Me encantaría poder decirle "vuelve ya de Boston, te necesito aquí cerca, ya te has ido mucho tiempo como para seguir más" pero me queda el consuelo de que en poco más de 20 días le tengo de vuelta. Es un gran consuelo.

En segundo lugar, no encuentro ningún sentido a abrirle tu corazón a alguien, es como dar licencia para que te lo destrocen sin ningún remordimiento. No ha ocurrido nada aún pero tengo una extraña sensación, parecida a una intuición que me dice "ten cuidado, te hará daño". Tengo miedo, tengo mucho miedo de sentir. Tengo mucho miedo de que vuelva a repetirse la historia otra vez (y no, nadie sabe de qué historia hablo, pocas personas podrían imaginarse a cuál me estoy refiriendo porque sólo me refiero a una historia del pasado). Tengo tanto miedo... pero no me queda otra opción que seguir adelante y luchar por lo que quiero. Si crees en tus propios ideales ya tienes más de la mitad de la batalla ganada, si no estás perdido. La situación en sí es tan confusa: primero bien, luego no hablamos, más tarde "te quiero", después te llamo y te digo que no vamos a poder vernos en un tiempo porque no hay tiempo, etc. Es todo tan contradictorio e ilógico que muchas veces no sé por dónde cogerlo pero supongo que en el fondo yo soy igual de ambivalente así que no tengo mucho de lo que quejarme, soy feliz. En cierto modo no sé captar las directas.No hace otra cosa más que demostrarme que es real lo que me dice y por qué hace todo lo que hace: por mi, pero en parte soy yo la que quiere cerrar los ojos, no ver, no sentir y decirle a mi yo que no sienta nada, que desconfíe de todo y eso tampoco es bueno. Me cuesta mucho admitir una gran verdad pero sólo puedo decir que llevaba sin ser así desde hace años, llevaba sin celebrar un San Valentín desde que estuve con ÉL, perdí el sentido del amar y ser amado.

En tercer lugar, mi familia me dice que me echa de menos. Es verdad que no estoy en casa la mayoría del tiempo, no puedo dividirme, sino, creedme, lo haría. El 80% del día estoy en la Universidad en clase o estudiando o trabajando, los fines de semanas sólo salgo una noche y el resto me voy dividiendo para ver a mi abuela, pasar tiempo en casa y ver a mi novio. Sinceramente, yo creo que no puedo hacer más, pero mi madre opina que sí, y el tiempo que estoy en casa ella está ocupadísima así que no sé muy bien de qué le sirve comportarse como se comporta. Quizá se sienta frustrada porque ya no le cuento absolutamente nada de mi vida pero es lo que ella misma ha ido consiguiendo. "Cada uno recoge lo que siembra".

En cuarto lugar, mis compañeras de la Universidad son estupendas. De lo único de lo que me arrepiento es de no haberlas conocido antes. Saben cuándo preguntar, cuándo dejar de preguntar, cuándo reír y cuándo darte un abrazo antes de derrumbarte. Son maravillosas. Hoy, sin ir más lejos, me he encontrado con una sencilla pero tajante pregunta al entrar en clase "bueno, y a ti, ¿qué te pasa? Que he leído tus tweets así que no me digas que nada." Son increíbles, en serio. No pretendía seguir con el tema, creí haberlo zanjado ya ayer pero parece ser que no, hoy al contarlo me he dado cuenta de que no. Aún me quedaba una pregunta por hacer y lo que he obtenido como respuesta ha sido claramente perfecto.

Y por último, un tema que, la verdad, ni me va ni me viene pero ya que me he puesto a contarlo todo, lo menciono. He vuelto a hablar con ÉL, sólo por emails y, ¿sabéis qué he descubierto? Que no siento nada más allá de lo que expresan mis palabras. "Del amor al odio hay sólo un paso" y qué gran verdad. Sólo me hizo falta ver que se comportaba como un cabrón para recordar por qué le dejé en su momento y ahora le veo y sólo tengo ganas de saludar, por educación. Puedo ponerme a recordar y tengo recuerdos muy, muy hermosos a su lado pero otros también muy, muy dolorosos y, sinceramente, no sé cuáles pesan más en la balanza. Le aprecio, nunca he querido nada malo para él y siempre habría dado lo que fuese por verle sonreír, pero ahora no daría ni dos pasos. Le sigo apreciando y queriendo que sonría pero me da igual el motivo. Que sea feliz, pero que deje de hacerme daño. En parte, gracias a su "cabronada" he conseguido hacerme impermeable, me da igual lo que me diga. Ha cambiado, no es el mismo que conocí hace 5 años, para nada y no me gusta en quién se ha convertido, en ocasiones parece una calcamonía de su hermano.

Bueno, creo que ya he actualizado suficiente mi día a día. Buenas noches y dulces sueños ^.^

PD.: Tengo móvil nuevo, con whatsapp =)